
Busco en mi interior los abrazos
que me niega la lluvia del medio día,
me vuelvo del revés en rebeldía
frente a lo que me ofrece de soslayo
esta triste ventana fría,
números en color rojo encendido,
carniceros de las cifras
porteadores de la inopia lacerante
generadores de pesadillas
damas de vestido largo
y largas listas de pretendientes,
señoreados directores
de grandes sucursales
y obscenas oficinas,
los del verbo mentiroso
y la calumnia por bandera,
los que prohíben la sonrisa
y nos hacen rezar de miedo,
los que visten de negro
y calzan negros corazones,
las víboras bajo las sábanas,
las noches verdes de angustia
sin nada que llevarse a la boca,
los otros, los de enfrente,
los que no saben,
los que no entienden
que no somos un número,
que somos sangre, corazón y rabia,
que latimos,
que soñamos,
que caminamos
con los pies en la calle,
en el barro,
en los portales canallas
de las fronteras de mi barrio,
en las fábricas
y en el campo,
allá donde existan flores
que llevarnos al alma,
que somos
que existimos
que queremos
y exigimos
nuestra merecida cuota
de brillante primavera.
Juan Antonio González Molina
1 comentario:
Precioso poema, como anillo al dedo de esa frase de Neruda.
No podrán robarnos la ilusión.
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